Worldwide (Kendall Schmidt)
Dos meses y medio era el tiempo que había pasado desde que él se marchó. Todavía faltaba un mes más para su regreso.
La casa se sentía completamente vacía sin Kendall, y no hace falta decir lo mucho que lo extrañaba.
— “¿Será este el comienzo de una nueva historia romántica en la vida del joven Kendall Schmidt? ¡No lo sabremos hasta que no tengamos declaraciones!”
Apagué el televisor con una notable furia en mí. Claramente no era el comienzo de nada. Kendall estaba conmigo hacía un año. Pero, no podía evitar dudar.
— Malditos medios. —dije una vez que cambié mi ropa por una más cómoda y poder dormir—
Kendall antes de irse me había prometido que llamaría todas las noches, cuando se desocupara, y a pesar de que en un principio me negué rotundamente porque no quería interferir en su trabajo… tengo que decir que amaba la emoción que me provocaba cuando me llamaba desde algún lugar distinto.
Esa noche no me llamó, por más que esperé hasta la medianoche, mi teléfono no sonó.
Caí profundamente dormida.
Tres horas des haber estado dormida fueron interrumpidas por el tono de llamado de mi teléfono, y algo adormilada atendí.
— ¿Hola? —contesté de mala gana—
— ¡Sky! ¡Sky! —bufé un poco, estaba molesta—Sky cariño, lo lamento.
— Son las tres y media de la madrugada, quedamos en que si era esa la hora no… —me interrumpió—
— No llamaría. —terminó la frase— Antes de que digas algo, ¿cómo estuvo tu día? ¡Porque yo te extrañé!
Sonreí ante sus palabras y me acurruqué en su lado de la cama.
— Bien, estuvo bien. Y yo también te extraño. —dije en un bostezo—
— ¿Te desperté, verdad?
— Sí.
— Lo siento cariño, no podía dormir… y sabes que hay algo en el sonido de tu voz que…
— Te calma, lo sé —dije suavemente— te extraño demasiado —susurré con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos—
— No, Sky no llores. Y-yo —tartamudeó— yo nunca estoy tan lejos como parece —comencé a llorar— Cariño, pronto estaremos juntos.
— Un mes —dije suavemente y escuché una pequeña risa por su parte—
— Un mes nada más. Tengo que irme Sky, pero la verdad que no puedo oír otro ”adiós”.
— No es un adiós, es un “hasta mañana”.
Giré en la cama y las lágrimas seguían cayendo. Lo extrañaba.
— Hay algo que te molesta ¿qué es Sky? —preguntó dulcemente y en mi mente apareció su rostro preocupado, con unos ojos verdes apagados— ¿Sky?
— Los rumores Kend, tengo un poco de miedo —suspiré— estoy empezando a creerlos.
— Amor —comenzó—
— ¿Qué? No es mi culpa.
— Sabes que pienso en ti, a todos lados a los que voy.
— Creo que lo sé —más lágrimas caían por mi rostro— hay veces que creo que conocerás a una de las tantas chicas lindas, y…
— Sky —su voz sonó a reproche— Sí, conocí a millones de chicas, lindas sí —mi corazón se achicó— que saben mi nombre. Pero, no quiero que te preocupes. Sky, tú tienes mi corazón.
Mis lágrimas comenzaron a caer con más fuerza y la respiración me era dificultosa.
Me sentía estúpida por dudar de Kendall.
— ¿Sabes? —comentó y negué con un sonido— no es para nada fácil seguir moviéndome de cuidad en cuidad, simplemente levantarme e irme. —su voz era entre cortada—
— Pero, ¿el espectáculo debe continuar? —pregunté tratando de respirar normalmente—
— Exacto, Sky cariño, necesito que seas fuerte.
— Es lo que trato.
Sentí un sollozo por parte de mi rubio.
— Quiero que lo tengas en claro, donde sea que el viento me sople, seguirás siendo la única en mi mente. ¿Sí?
— Sí —contesté llorando—
— Sky, deja de llorar por favor. Recuerdalo, siempre eh.
— ¡No puedo dejar de llorar Kendall! —suspiré— voy a recordarlo.
— No hay nadie mejor que tú, en todo el mundo. ¡Y recuerda que eres mía! —dijo riendo suavemente—
— Lo tengo en claro ahora—bufó— ¡siempre!
— Así me gusta más. Sky, buenas noches, tengo que dormir, no quiero pero tengo que.
— Ve, hasta mañana Kend.
— ¡Voy a estar pensando en tí, nena! Te amo.
Sonreí.
— Yo también te amo. —corté la comunicación—
···
París, Londres, Tokio. Los últimos lugares en la lista. Las llamadas de Kendall habían cambiado, eran mucho más alegres.
Los rumores se había disipado, el día en el que, en plena entrevista dijo un: “Hay una cosa que tengo que hacer, le prometí a mi novia que le hablaría todas las noches.”
Sí, tal vez había conocido a un millón de hermosas chicas que sabían su nombre. Pero, yo no me preocupaba.
Porque yo tenía su corazón.
FIN*

Heart’s all gone. (Harry Judd)
Hacía frío, lo suficiente como para estar lo bastante abrigado.
— Harry, ¿podríamos pasar a buscar a una amiga? Sino te molesta.
— Claro Doug, maneja tranquilo.
Me acomodé mejor en el asiento y sentí como frenaba el auto. Miré por la ventanilla. Del otro lado del camino creí haber visto al futuro amor de mi vida.
La pelirroja subió al auto con una sonrisa, era extraña y parecía completamente dulce.
— ¡Hola Lucy! —chilló Dougie a mi lado— él es Harry.
— Hola —le dije dando vuelta mi rostro—
Crucé mi mirada con la suya. Eso fue amor a primera vista, o por lo menos se que algo nos conecto.
Íbamos camino a una fiesta, y al bajar me decidí a hablar con ella.
— ¿Lucy?
— Harry —dijo riendo— ¿no tienes calor? Yo sí.
Hacía demasiado frío.
— Eh, yo estoy perfecto. Quítate los guantes, puede ayudar.
Ladeó su rostro y se quitó los guantes dejando ver unas cuantas marcas, metió su mano en el bolsillo y sacó una caja de cigarros. Encendió uno y comenzó a fumar.
— ¿Esas son… —comencé y ella me interrumpió asintiendo— creí que la gente ya no se cortaba.
— Fue hace años… las marcas quedaron. Me pareces lindo.
Me sorprendió, hablaba demasiado rápido.
La observé durante unos minutos. Tenía el cabello alborotado por el viento, los guantes colgaban de su pequeño bolso. Jean, una remera larga, campera de cuero y vestía unas botas sucias que se camuflaban con el suelo.
Largó el humo lentamente por su boca. Se acercó y me besó.
“Es interesada, no te conviene.” — recordé las palabras de Dougie al salir del auto—
— ¿Solo te interesa la fortuna?
— Y la fama, claro. —me sonrió irónicamente— Puedo hacer que ganes lo que sea.
Sentí una dulzura en lo que me decía, que me estremecí.
Bebimos hasta prácticamente quedar muertos en el sillón, de la casa de quien fuera la fiesta.
Jugamos Black Jack, y hablamos de arquitectura… y hasta de crímenes.
Seguimos bebiendo.
Estaba desesperado por volver a besarla, algo que ella no me dejaba hacer.
— Eres adorable —me dijo sonriente—
Me besó una vez y luego se levantó. Estaba completamente sobria.
— Debes tener más cuidado en quien crees y confías. No estas enamorado, tarado.
Dijo antes de salir por la puerta. Y no lo comprendí, hasta que me quedé dormido y lo recordé: mi tarjeta de crédito, mi billetera, todo. Estaba en su cartera.
— Maldita perra.
— ¿Dude? —escuché a Dougie—
— Esa… Lucy.
— Parecía tan dulce al principio, pero las primeras impresiones no son las correctas. ¿No?
— ¿A caso no tiene corazón? ¿Moral? ¿Algo?
— Nada dude.
Lo último que supe de Lucy fue cuando la cuenta de mi tarjeta había llegado, estaba en rojo.
¿Lucy? Se había hecho famosa por, no sé que, fraude.
Yo, aprendí que no todas las primeras impresiones son las correctas. Creía que nos habíamos enamorado al otro lado del camino.
Ahora, el desierto la destruiría.
“Querida Lucy:
Pareciste tan dulce al principio, pero el principio estaba equivocado. Dijiste que hablabas del corazón, pero tu corazón se ha ido.
Púdrete.
Con Cariño, Harry.”
Cerré la carta y la envié directo a su famosa nueva casa.
Su supuesto corazón había desaparecido, y con él se había llevado mi gratitud, y… tantas otras cosas.
*Fin*

Girls do what they want. (Danny Jones)
— Ella tiene dieciocho y es la reina de la belleza —comenzó y supe que era para mí— ella hace que los chicos se sientan débiles.
Sonreí.
Amaba la clase de literatura, era algo normal que alguna de las cosas que escribieran fuera para mí.
— Eso es todo para ella, no para todos. Ella te busca, solo para que caigas.
— ¿Cómo? —pregunté sorprendida—
— ¿Disculpe señorita Prichard?
El giró para reírse en mi cara.
— ¡Eso es atroz! —chillé enojada—
— ¡Emily! —me dijo riendo— ¿por qué te molestas?
Sonó el timbre y me arrastré hasta donde él estaba, lo tomé por el cuello de la camisa y lo acerqué a mí.
— Eso me dio asco.
— Es lo que haces.
— ¿A sí?
— Claro, ¿no te diste cuenta?
— No. Porque yo no hago eso.
— Son sus manos en mi cadera, no puedo escapar de ella —recitó sonriente—
— ¿Qué? ¿Qué me estas diciendo Jones?
— Esa boca, y esos labios. Trato de que no me gusten.
— N-no entiendo.
— ¿Te digo como sigue? —levantó una ceja—
— Claro que no. No quiero escuchar como me seguís tirando abajo. Tengo una reputación.
— Todos creen que eres justamente esa palabra… sacándole el re y tación.
Dudé, hasta que analicé la palabra en mi mente.
— ¡Oh maldito…
— Esa es la forma de las cosas y también la distancia.
— ¡No me interrumpas Daniel! —apreté más su camisa—
— Las chicas hacen lo que quieren, los chicos… hacen lo que pueden.
Lo solté, cansada de escucharlo.
¡Yo tenía una buena reputación! Era la reina del baile, la que salía con los más guapos de la escuela… y así me querían.
— Nadie te quiere Emily —me susurró haciendo que me estremeciera—
— ¿Cómo?
— Que nadie te quiere.
— ¿Nadie? ¿Absolutamente nadie?
— Todos haban mal de ti cuando giras.
— ¿Tú, inclusive? —lo desafié—
Sonrió y me tomó por el cuello.
— Sabes la respuesta.
Me solté como pude y corrí al baño, abrí la puerta y el olor a humo de cigarro me invadió.
Me metí a uno de los cubículos y encendí un cigarro.
Quería encerrarme allí, y ahogarme con el humo. Pero la puerta del baño se abrió, y sentí el sonido de los tacones golpeando el suelo.
— Escucharon ¿lo que Daniel escribió?
— ¡Fue muy sincero!
— Claro que sí… no puedo creer como se puso ella.
— ¿Y qué esperabas? ¡Cree que todos la amamos!
Comenzaron a reír estúpidamente.
¿Así sonaba yo? Mis amigas, eran esas.
“Nadie te quiere.”
Aunque las palabras dolieran, Danny tenía razón.
Abrí la puerta del cubículo y me encontré con las caras sorprendidas de las dos coloradas y de la castaña, vestidas de rosa chillón.
— ¡Emily!
— ¡Ems!
— ¿Hace cuanto estas ahí?
— Lo suficiente chicas, gracias. —sonreí falsamente—
Salí como pude, antes apagando el cigarrillo.
Me encontré con el pasillo vacío. Solamente Danny sentado en un banco frente al baño.
— Hola —le dije mientras me acercaba—
— Hola Emily.
Me senté a su lado y entrelacé su mano con la mía.
Me miró confundido, pero con una sonrisa.
— Tampoco te quieren. —le dije—
— Lo sé.
— ¿Sabes algo? —hablé mientras me acercaba a él—
— No.
— Todavía no sé, la respuesta.
— ¿A qué?
— A que todos hablan mal de mí… que nadie me quiere. ¿Estas incluido en eso?
— Eres tonta.
— No, soy rubia, la reina de la belleza. Pero tonta no.
— Hmm… ¿con un te amo, basta?
Susurró tomando mi cuello y ya sobre mis labios.
Asentí enérgicamente para luego besarlo.
*Fin*

Cause I don’t wanna be one of the boys.
“Siempre seré como tu hermano mayor Ness. No hay necesidad de tener que recordártelo.”
¿Saben cómo pueden llegar a doler esas palabras? ¡Más si vienen de tu mejor amigo, de tu alma gemela! Según él, mi hermano mayor postizo.
¿Por qué mayor, si solamente nos llevábamos un mes?
Era incoherente. Él era un incoherente, y además no se daba cuenta de que yo estaba perdidamente enamorada de él, y que simplemente me acerqué por eso. Que haya terminado siendo la mejor amiga… es otro tema.
— Ness, vamos a llegar tarde. —me dijo tocando la puerta del baño—
— Sí, ya salgo.
Me terminé de delinear los ojos, me puse un buzo y salí del baño. Me lo encontré parado en el marco de la puerta, mirándome sonriente.
— ¿Vamos? —preguntó mientras tomaba su skate—
— Sí, vamos.
Tomé el mío y salimos del cuarto directo al primer piso, en busca de la puerta principal.
Tomamos la trayectoria como siempre a la escuela, estábamos en último año y teníamos un grupo de amigos bien conformado, que por cierto, yo era el único miembro femenino de éste.
— ¿Qué hay chicos? —nos preguntó Aaron mientras chocaba nuestras manos—
Primero la de Doug y luego la mía, para acompañarla de un beso en la mejilla. Estaba acostumbrada a estar rodeada de chicos, siempre había sido así. Pero lo que más me dolía era que me vieran como uno de ellos.
Entramos a regañadientes a clases y las horas se pasaron rápido. Entre problemas y chistes, que eran algo normal cada día, se terminó el horario escolar.
— Muy bien chicos —se escuchó por el parlante de la escuela— todos los alumnos de último año, en dos horas sale su viaje.
— ¡El viaje, mierda! —susurré mientras tiraba el skate al piso y le daba un envión— nos vemos chicos.
— Sí, adiós Ness.
Traté de andar lo más rápido que pudiese, no tenía nada preparado para el viaje. Lo había olvidado completamente.
— ¡Nena cuidado! —sentí que una señora me gritó—
Me giré sonriendo y le hice un gesto de disculpas con la mano. Salté algunos cordones y comenzó la cuadra de mi casa.
Lo mejor de todo esto, es escuchar el ruido de las ruedas rodando contra el pavimento. Eso es completamente… fascinante.
— ¡Nessa!
Frené de golpe y con una patada levanté la tabla del suelo, me giré y vi a mi mejor amigo, hermano mayor postizo, el amor de mi vida, parado frente a mí.
— ¿Qué hay Doug?
— Yo tengo todo listo, y cuando te fuiste dijeron las habitaciones.
— Ah.
— ¿Quieres que te ayude con tu equipaje?
— Como quieras.
Asintió con una sonrisa y de mala gana entré a mi casa.
— Nos tocó juntos —me dijo mientras subíamos las escaleras—
— ¿Cómo? ¿A caso no esta prohibido que los chicos compartan cuarto con las chicas?
No preguntes idiota, seguramente te va a responder algo como “eres prácticamente un chico, excepto por… bueno ya sabes.”
— Sí, pero me dijeron que era una excepción.
— ¿Ninguna chica quería compartir cuarto conmigo? —dije irónica mientras guardaba unas remeras en la maleta—
— No lo sé… yo pedí estar con vos.
Le sonreí por instinto, mientras que en mi interior tenía unas ganas terribles de correr y hacerle cosas que… mejor no explicar.
•••
— Londres al fin —chillamos a coro con David mientras nos tirábamos en los sillones de la recepción—
— No, nada de eso —nos corrió la preceptora— Cada uno a su habitación.
— Claro, claro.
— ¿Este día lo tenemos libre no es así? —dijo alguna de las “Barbies” del curso—
— Claro que sí linda.
Se sonrieron como estúpidas mientras se giraban a nuestro grupo, le sonrieron a cada uno de los chicos, y una le lanzó una mirada asquerosa e insinuante a Dougie. El cual, la miró con asco.
¿Ustedes no saben lo que piensan de estas chicas, no es así? No siempre crean que piensan que “son fabulosas por ser oxigenadas y plastificadas” para nada.
Ellos creen que son un asco de personas. ¿Repulsivas era la palabra que ellos usaban? Oh sí, ellos creían que las “Barbies” son simplemente repulsivas.
— Bueno chicos, nos vemos más tarde…o a la noche. —habló Alan—
Los chicos se encaminaron a sus cuartos, mientras que yo subía por el otro lado con Dougie. Entramos a la habitación 119 y tiramos el equipaje sobre cada cama.
— Me voy a dar una ducha.
— Dale hermano, ve tranquilo.
“Hermano” ¿Era una broma?
Entré al baño y me di una ducha rápida, tener el pelo corto es una ventaja a la hora de tener que lavarlo y ni que digo de cepillarlo.
Salí y tomé una toalla, me paré frente al espejo. Despeiné un poco mi cabello mojado y me miré durante unos segundos.
— ¿Hermano? Ya vamos a ver que piensas de tu “hermano” —me dije con una sonrisa—
Dejé caer la toalla hasta la cintura, tal como se la ata un chico y eso hice, la até. Me miré nuevamente, y me entró un poco de pudor. Pero luego recordé que simplemente era uno de los chicos.
— Claro que sí, uno de los chicos.
Dije mientras ponía una mano en el picaporte y lo hacía girar. Salí tranquilamente, como si nada estuviese fuera de su lugar, me encaminé hasta el cuarto y revolví un poco de ropa.
Me percaté de que Dougie estaba acostado mirando la TV, pero hice caso omiso.
— Hey Ness, que te parece si… ¿Qué haces así? —me miró sorprendido—
— ¿Me cambio? —dije obvia—
— ¿E-enfrente mío? —asentí— ¿en-enserio?
— Soy parte de los chicos dude, vos mismo lo dices cada cuatro segundos contados a reloj —levanté una ceja a espera de una respuesta—
Se levantó rápido de la cama y me tapó con una remera suya que estaba por ahí, la saqué de inmediato.
— No me jodas Dougie.
— Pe-pero Ness… no podes estar así.
— Sí, y punto.
— Estas provocando cosas —susurró y lo escuché perfectamente—
— ¿Qué cosa?
— Que no puedo creer lo que estas haciendo.
— Sí, como digas.
Busqué alguna ropa interior inferior y me la puse por debajo de la toalla, seguida de un pantalón corto. Tomé una remera y un corpiño.
— ¿Te podes tapar?
— Basta Dougie, me tenés cansada. —me miro confundido, claro— ¡Todos los santos días me decís que soy como una hermana más chica, como uno de los chicos, me llamas “hermano”!. Me toman en cuenta como si fuese uno más.
— No es así.
— Oh sí que lo es. —levanté el índice mientras lo señalaba—
— No Nessie, no es así.
— Claro, como digas.
— ¿Quieres saber por qué todos los días digo eso?
— Me encantaría.
Se acercó más, haciendo que su aliento mentolado chocara contra mis facciones.
— Lo digo para recordármelo, saber como es que me tengo que comportar cuando estas cerca. Te trato como a uno más por… miedo.
— ¿De que te golpeé?
— No, de que no me ames.
Me paré en seco y rápidamente subí la toalla a mi pecho, cubriéndolo.
— Ya no me interesa —me dijo sacando la toalla y pasando sus brazos por mi cintura—
— D-Dougie no… yo no sabía eso.
— Claro, y no lo tendrías que saber. Si quieres cambiarte de habitación, olvidarte de que existo y esas cosas, puedes hacerlo.
— No puedo.
— ¿Por qué?
— Principalmente porque me estas apretando contra tu cuerpo —sonrió, pero no le llegó a los ojos— y segundo me miró expectante— porque me alegra que finalmente me lo dijeras.
— ¿Cómo?
— Tardaste demasiado.
— ¿Cómo?
— Deja de decir “como”.
— ¿Cómo?
— Que te amo estúpido.
— Eso si lo entendí.
Dijo sonriendo, haciendo que los ojos se le achicaran más de lo normal. Imité su sonrisa y me acerqué para poder besar los, tan exquisitos, labios que me traían loca desde que había llegado a la institución.
— Estas loca. ¿Te metiste a todo esto solo por mí?
— En realidad… me acerqué a ustedes, solo por vos.
— A eso me refería.
— Sí, no te creo.
— Vanessa. — Dougie.
Rió.
— Te amo, ¿sabias?
— Ahora lo sé.
— ¿Y…?
— ¿Y?
— ¿Y tu “también te amo”?
— No lo voy a decir.
— Oh, claro que sí —me apretó contra su cuerpo—
Estaba sin camiseta, al igual que yo. Me estremecí al contacto con su piel.
— Yo también te amo Doug.
— Eso me agrada.
Sonreí como una estúpida y rodeé su cuello con mis brazos, no sé como hizo para que su cuerpo quedara más pegado al mío. Luego de eso, no hay que aclarar que me besó.
¿Me amaba? ¿Había dicho que me amaba?
Claro que sí, lo había dicho fuerte y claro.
*FIN*

Use somebody
Cerré la puerta con fuerza. Ya no quería tenerlo cerca.
¿Durante todo un año me había mantenido en una mentira? ¿Me había usado? Eso no estaba bien, él era mi mejor amigo, él era el único que no debía defraudarme.
— Veronika por favor, abre la puerta. —gritó mientras golpeaba la madera—
— ¡Nunca! Vete de mi casa, de mi vida. ¡Vete Harry!
Corrí escaleras arriba, hacía mi habitación. Cerré con llave y me tiré en la cama.
Simplemente no podía entenderlo, no era justo. Me había enamorado, el muy maldito me había enamorado.
Y todo por una apuesta con sus estúpidos amigos.
“Bip” —tomé mi celular y leí el mensaje—
“Vamos Veronika, vos sabías que yo podía usar a alguien como vos… de la forma que pensas, de la forma en la que hablas. Eras perfecta para eso.” — Harry.
¿Y se supone que eso tendría que hacerme sentir mejor?
“Y eso ¿por qué es relativo? No me interesa Harry, yo era tu mejor amiga, creí que podía confiar. Me enamoraste, a propósito, y todo por una maldita apuesta. No es justo.” — Veronika.
“Bip”
“¿Podemos hablar? Es incómodo por mensajes” — Harry.
No contesté. Es entendible que no le quiera hablar.
No me parece justo que me haya dicho todo justamente hoy. Hoy que es mi cumpleaños. Gran amigo el que tengo.
“Toc, toc” “toc, toc” “toc, toc”.
Maldición, olvidé la ventana.
— Veronika. —no contesté— Veronika, se que estas ahí.
No pensaba emitir sonido.
— Vero vamos abre la ventana, aunque sea porque hace frío.
— No.
— Por lo menos un no, voy progresando.
Me levanté y destrabé la ventana. Harry terminó abriéndola.
— ¿Hablamos ahora?
— Habla. —dije secamente—
— ¿Por donde empiezo? —lo miré mal— Bien, por el inicio del año.
Cerró la ventana detrás de él y se sentó en un banco.
Yo seguía inmóvil.
— Con los chicos decidimos hacer una apuesta. Sabes como somos de estúpidos. En fin, consistía en “enamorar” a alguien.
— Y como soy demasiado ingenua decidiste que yo era perfecta.
— Eras perfecta, pero no por eso. Estuve vagando por ahí, mirando todo lo que podía ver.
— ¿Y?
— Buscando a alguien para hacer esto, pinté rostros y llené lugares que no podía alcanzar. Pero te vi salir de tu local favorito, siempre sonriendo.
— Lo recuerdo Harry, te acercaste y me preguntaste algo que… no logro recordar.
— Exacto, ahí fue cuando me dí cuenta de que eras perfecta y de que podía usarte tranquilamente.
Cada palabra empeoraba todo, no me importaba que dijera que era perfecta. Él me había usado, mentido durante todo un año.
— Harry, esto no va a solucionar nada. Me hace peor. —dije con lágrimas en los ojos—
— Vero… vos sabes que cuando salías a disfrutar de la noche, yo me quedaba en casa listo para dormir. Nunca podía porque siempre terminaba pensando en vos, y hacía algo parecido a escribir canciones para la banda.
— ¡Harry eras mi mejor amigo! —comencé a llorar—
— ¡Lo ves! ¡Nunca ibas a notar que te amaba!
Me quedé atónita. ¿Estaba jugando nuevamente?
— ¿Estas jugando?
— Maldición, ¿no te das cuenta? Yo hacía todo eso porque te amaba, y tenía la esperanza de que algún día me notaras.
— Harry yo nunca pensé…
— En alguien como yo, lo sé. Te conozco Veronika.
— No, no quise decir eso.
— Estoy listo Veronika.
— ¿Cómo?
Se levantó de donde estaba y sonrió. Me abrazó y limpió mis lágrimas.
— Te amo.
Dijo para luego besarme.
*Fin*

Freak Show
— Corre o no sobrevives, corre o no sobrevives. ¡Corre Rose!
Hice caso a mis pensamientos y corrí lo más rápido que pude. Me giré y aseguré que no venía detrás de mí.
Sonreí y caí al frío suelo empedrado.
— Maldición. —dije cuando vi sangre en mi pierna—
— ¡Rose!
— Oh no, ¿dónde guardo el alcohol cuando lo necesito?
“Te lo tomaste, ¿no lo recuerdas?”
— Ese no, estúpido cerebro. Hablo del alcohol etílico.
— Rose —dijo ya a mi lado—
Bufé.
— ¿Qué quieres Thomas?
— Yo quería… ¿estas sangrando?
— No, es salsa de tomate. ¿Qué quieres?
“Trátalo un poco bien, el rubio se preocupa.”
— ¿Por qué saliste corriendo?¿Robaste algo? ¿Estas drogada?
— ¿Por qué la gente cree que me drogo? Tenía ganas de correr.
— ¿Con una botella de Vodka? —marcó su hoyuelo—
— Algo así.
Miré la botella en mi mano, observé que quedaba poco del contenido alcohólico.
— ¿Qué más da? —dije mientras me encogía de brazos y tiraba la bebida sobre mi pierna— ¡Arde maldición!
— ¿Estas demente Rose? —preguntó mientras se agachaba a mi lado—
— Muchos lo dicen Tom.
— Me llamaste “Tom” —dijo con un brillo en los ojos—
— ¿Qué? ¡Siempre te digo Tom.
— Nunca cuando estas ebria —me recordó— ¿no quieres volver? Puedo curar eso.
— ¿Y la fiesta? — Se terminó cuando saliste corriendo —reí ante eso— no, es de verdad, literalmente se acabó. No hay nadie.
— Tu madre no me quiere en tu casa Tom, lo sabes.
Miré a mi alrededor, no había nadie en la calle.
— Dice que estas loca, que sos rara… todas esas cosas.
— Que son todas verdad.
— Claro que lo son Rose.
“Bésalo.”
— ¿Así como así?
— ¿Qué?
“No seas tarada Rose.”
— No, nada Tom.
Me miró sonriente, temblé. Y él lo notó y como buen caballero se sacó su campera y la puso en mis hombros.
— Vas a enfermarte. Deberíamos ir.
— Ya estoy enferma.
— Sí Rose, de la cabeza —sacó su celular— voy a avisarle a tu madre que te vas a quedar en casa, pequeña ebria.
— No Tom, estoy enamorada.
“No lo arruines, sólo bésalo.”
— No quiero simplemente besarlo, lo amo.
Tom se paró en seco y me miró expectante.
— ¿Qué cosa rose?
Tomé aire y me colgué bruscamente, soy bruta, de su cuello. Aprisioné su boca en un beso.
Deseaba besarlo.
Me sostuvo por la cintura y apretó mi cuerpo sin cortar el beso.
— Eso fue un beso —dije suspirando— wow, estoy ebria.
Tom abrió los ojos y se relamió los labios. Suspiró y miró a un costado.
— Lo sé Rose, mejor vamos a casa.
— ¿Y a donde estábamos yendo, Thomas? —rió— ¡Picarón!
Tom rió más fuerte y una señora pasó por nuestro lado.
— ¡Quería llevarme a un hotel! —dije señalándolo con el dedo—
— Esta ebria, ignórela. —la señora rió y Tom me condujo a la entrada de su casa—
— Un día vamos a casarnos Thomas, y Marvin… Marvin va a ser nuestro hijo. ¡Oh Marvin! —dije y me tiré en el sillón más cercano—
El rubio vino con un vaso de agua y me lo dio. Luego se sentó a mi lado.
— Gracias Thomas —tomé el agua y rió mientras limpiaba mi herida—
— De nada Rose. Gemí de dolor y luego sonreí.
— Te amo amigo.
— Yo también lo hago.
Thomas me besó en la frente y salió.
*Fin*

OLD FRIENDS
— ¡Muevete del camino Smith!
Escuché su fastidiosa y chillona voz a lo lejos, pero cuando me giré él ya estaba encima mío riendo como tarado.
— Quítate. —le dije enojada—
— Ya me quito… ¿Por qué demonios no te corriste? —se levantó y tomó su skate—
— Imbécil —dije mientras seguía caminando hasta mi casa— Al fin, paz.
“Idiota, vives al lado.”
— Delilah, llegaste.
— Así es nana. —dije al besar su avejentada mejilla—
Subí a mi habitación y tiré la mochila, me acerqué a abrir un poco la ventana para que entrara luz solar. Me saqué la ropa y me puse algo cómodo.
— “Hey there Delilah” —dijo con un tono de canto—
— Maldición —me acerqué a la ventana— ¿Qué quieres Poynter?
— Fastidiarte —rió—
Rodé los ojos y cerré las cortinas, apagué todo y puse música para quedarme completamente dormida.
— Delilah, Delilah. —más golpes en la puerta—
— Sí… pasa nana —dije adormilada—
— La cena ya está —me dijo sonriente— tus padres todavía no volvieron, así que… ¿quieres ir a comer al jardín?
— Hm… me agrada la idea.
Tomé las cosas y salí al parque trasero de mi casa, saludé a mis mascotas y me puse a cenar.
Sentí una respiración en mi oreja y luego una mordida en la misma. Me exalté.
— ¿Qué demonios…
— Hola —me dijo con una voz completamente ronca—
Todo me tembló.
— Ho-hola Poynter, ¿qué haces en mi casa? —dije seca—
— ¿Juego con tu perra? Me adora.
— Mira vos.
— Y además, quería venir a hablar con vos.
Me quedé completamente helada.
— ¿Qué nos pasó? —susurró y se sentó a mi lado—
— ¿Cómo?
— Solíamos andar todo el tiempo juntos…
— Me empezaste a odiar —dije segura— todo empezó cuando me sacaste mi muñeco de Godzilla y yo te golpeé.
— Lo sigo teniendo en mi mesa de luz —dijo riendo y se puso serio— nunca te odié… trato de ser indiferente a cuando los chicos me dicen “Hey Doug, que buena que está Delilah”, siempre tengo ganas de golpearlos.
— ¿Y eso? —comencé a reír—
— No te odio, simplemente me gusta molestarte. Me hace sentir como que no perdimos nada.
— Lamento decirte que lo perdimos, somos de dos mundos distintos.
— Solíamos ser los mejores amigos.
— Las cosas cambian Dougie. Lo sabes muy bien. —dije duramente—
— Nuestra relación podría no haber cambiado.
— Vos mismo lo estas diciendo, “podría”, pero no fue así, cambió.
Me miró triste, estaba siendo demasiado dura con él, él había estado para mí cuando más lo había necesitado. Y yo estaba siendo dura.
— Mamá va a casarse —dijo mirando a un punto fijo—
— ¿¡Cómo!?
— Va a casarse… y yo necesito a esa fastidiosa que corría desnuda por mi casa junto a mí… nuevamente. Necesito a mi amiga.
Reí ante eso.
— ¿No será que tu mamá me quiere en su fiesta?
— En realidad… hoy me preguntó que era de tu vida y me dio un sermón y… resulta que tiene razón.
— Iré.
— ¿Cómo?.
— Que voy a ir al casamiento de Sam.
Y así fue, llegó el día y hacía calor. Había estado de compras con Dougie, me parecía extraño el volver de a poco a ser su amiga.
La gente nos miraba mal cuando llegábamos riendo a la escuela, y sus amigos estaban completamente insoportables conmigo.
Y en fin, era bueno tener a mi viejo amigo de vuelta.
Me puse un vestido color caramelo y unos tacos para aumentar un poco mi altura. Estaba por entrar Sam a la Iglesia y a decir verdad su futuro marido era de lo más amable. ¡Hasta conmigo!.
La marcha nupcial empezó y Sam entró a la Iglesia absolutamente feliz, miré a mi lado: Dougie apretaba mi mano mientras lloraba, y Jazzie sonreía a más no poder mientras sacaba fotos y capturaba momentos únicos.
Terminó la ceremonia y salimos directo al hotel donde harían la fiesta.
— ¿Vienes conmigo, no?
— Claro Dougie.
Subimos al auto de su madre y manejó hasta el maravilloso hotel.
— Estaba hermosa, más bien tu madre es hermosa —dije feliz—
No hubo respuesta.
— Te amo. —dijo de un momento a otro y me cayó como un balde de agua fría—
— ¿De qué me estas hablando Doug?
— De que te amo, de que me quiero casar con vos y tener lagartos con vos.
Comencé a reír desaforadamente, no solo me había causado gracia… estaba completamente nerviosa.
“Maldición Dougie, ¿no podías esperar? ¡No, siempre como agua fría!”
Bajé del auto prácticamente corriendo, y como era de esperarse el rubio me siguió.
¿Por qué corría? Había veces en las que me preguntaba por qué era tan estúpida.
Me frené y giré. Salté e hice una llave en la cadera de Dougie.
— Maldita sea Poynter, yo también te amo.
Me sonrió abiertamente.
¿Qué pude haber hecho? Una lady como yo lo era, lo besé de la forma más dulce que puedan imaginarse.
Y yo que le decía: “Me odias.”
“Sí claro, ni vos te crees eso. Delilah querida bienvenida al huracán Poynter.”
*FIN*

One Shot: She Left Me.
No puedo explicar lo que sentí cuando Anne me dejó. Fue como caer en un pozo sin fondo ni final.
Me refugié en mis amigos y claro, en mi música… pero ¿qué podía hacer un estúpido joven de tan solo dieciocho años? Componer claro… lo que mejor sabía hacer.
“Since she left me, she told me. Don’t worry, you’ll be okay”
–No me necesitas, créeme.
unas cuantas lágrimas cayeron por mi rostro.
“You don’t need me, believe me. You’ll be fine…”
Bien, ya tenía parte de una nueva canción, por cierto, no mencioné nada… Soy Daniel Jones, más simple, Danny.
“Toc, Toc” la puerta se abrió después del sonido
–Dan… ¿cómo estas? -Harry me saludó y se tiró en mi cama-
–Bien… un poco cansado.
–¿De? -ese fue Dougie-
–Digamos que ya dejé varios mensajes en la contestadora de Anne.
–¿De verdad? -dijeron a coro los tres, Tom había entrado-
–Sí chicos, unos cuantos.
Tom negó con la cabeza y tomó los papeles.
–¿Nueva?
–Así es.
–Me gusta -dijo sonriendo- hay que terminarla.
Harry tomó los papeles.
–¿No es… un poco despechada?
–Para nada, todavía no sé que es lo que hice mal.
–nada Dan -Dougie apoyó su mano en mi hombro- Ella se lo pierde dude.
Sonreí lentamente, aunque Dougie tuviera razón, me dolía el pensar en ella.
–¿Listos para tocarla? El lugar esta lleno. -Tom estaba emocionado-
–Claro que sí -dijimos a coro-
Salimos al escenario de un bar de nuestro barrio
-¡Hola! Buenas noches, nosotros somos McFLY, y esta noche les vamos a presentar una nueva canción -Tom anunció- “She Left Me”.
Miré al público esperando encontrarla, eso fue lo que pasó. Ella estaba ahí, un poco más rellena que cuando me había dejado.
Lo había entendido unos días atrás.
–She walked in and said she didn’t wanna know… anymore -comenzó Tom-
–Before I could ask why, she was gone… out the door.
–I didn’t know, what I did wrong. But now, I just can’t move on…
La miré, y ella me observaba, asustada. Seguí cantando.
–Since she left me, she told me: Don’t worry, you’ll be okay, you don’t need me, believe me. You’ll be fine… -vi lágrimas en los oscuros ojos de Anne-
–Then I knew what she meant, and it’s not what she said, now I can’t believe that she’s gone.
¿Saben? Moría de ganas de ir a abrazarla, y decirle que yo podía hacerme cargo de ese hijo. Pero… simplemente no era verdad.
–I tried to calling her up on the phone, no one’s there… I’ve left messages after the tone.
–Really?
–Yeah man, loads… -Los chicos me sonrieron-
–I didn’t know, what I did wrong, but now I just can’t move on.
Tom la vió, y entendió mi rostro…
quería llorar, pero de dolor.
–Since she left me, she told me: don’t worry, you’ll be okay, you don’t need me, believe me you’ll be fine…
–Then I knew what she meant, and it’s not what she said… now I can’t believe, that she’s gone.
Anne salió corriendo del lugar, llorando.
Ella estaba embarazada, por eso se había ido, por eso ya no “la necesitaba” según ella… en realidad estaba simplemente asustada.
Aunque, muy en el fondo, estaba comenzando a entender que era lo que ella me había querido decir.
Ella sabía que yo no podía hacerme cargo de nada por el momento… por eso se fue.
Y simplemente, eso fue lo que pasó… cuando ella me dejó.

1 year ago
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Smoking a lot of cigarettes
Bajé las escaleras del edificio corriendo, verifiqué que tuviera el dinero en mi campera y salí de allí.
Caminé hasta el kiosco más cercano y esperé a ser atendida.
–Malboro común por favor.
Pagué y seguí mi rumbo hasta la plaza que quedaba al cruzar la calle. Sentí algunas gotas que comenzaban a caer por lo que me puse la capucha, me senté en un banco, saqué de mi bolsillo los cigarros que acababa de comprar, encendí uno y comencé a fumarlo.
Necesitaba salir de ese lugar al que actualmente le llamaba “casa”. Lo único que escuchaba eran gritos y lo que mayormente se venía eran cosas volar.
Necesitaba escapar.
Hace unos días había intentado entrar en el mundo de las drogas… cosa que no me sirvió en absoluto, mucho menos con mi hermano alrededor, diciendo cosas como “no, no lo hagas”.
Mi hermano, estaba sufriendo demasiado con la separación de nuestros padres. La mayoría de las cosas recaían sobre él y en que era el más pequeño.
Estaba agotada.
Sentí como alguien se sentaba a mi lado, podía irme o simplemente podía quedarme.
–Todos los días veo que venís y fumas acá.
–¿Discúlpame? -dije intentando ver por la lluvia-
–Creo que fumas demasiado.
Me giré para poder apreciar de quién se trataba: un chico moreno, de ojos café y con una capucha puesta era quien fumaba a mi lado e intentaba, irónicamente, de decirme que “fumaba demasiado”.
–No sos quién para decirme que hacer o que dejar de hacer.
–Oh, claro… ¿Por qué, soy un desconocido? -rió-
–Por el momento, lamento decirte que sí. -solté el humo por mi boca tranquilamente-
–Zayn -me dijo estirando su mano-
–Vanessa -sonreí inconscientemente y sin estrechar su mano me fui de allí-
Comencé a caminar hasta mi departamento nuevamente, una vez que estuve dentro del edificio llamé al ascensor para sumergirme en mi propio infierno.
–¿Nessie? -preguntó mi hermano cuando cerré la puerta-
–Sí Max soy yo… ¿estás solo? ¿Donde están ellos?
–Salieron -se secó los ojos-
Tenía la cara algo hinchada de tanto llorar y noté que había recibido un golpe.
Suspiré e intenté aguantar el llanto, guardé los cigarros y busqué algo para comer.
–¿Nos vamos a ir? -me preguntó con un aire de esperanza-
–Algún día, cálculo que sí.
Max me sonrió y se sentó a mi lado.
Sentimos el sonido de la puerta seguido por algunos gritos, que invadieron nuevamente la casa.
–¿Vanessa? ¿Dónde habías estado?
–Fui por cigarros.
–Tienes diecisiete años.
–¿Y? -pregunté indiferente-
–No puedes simplemente hacer lo que se te da la gana como si no hubiera un mañana.
–¿Lo hay?
–Vanessa, tu pesimismo me está hartando.
–Mamá, tus constantes peleas me están hartando.
Le sonreí falsamente y me encaminé hasta las sala, observé que había cosas rotas en el piso. Suspiré y me senté en el sofá dispuesta a ver la TV.
–Factor X -dijo sonriente Max-
–¿Y desde cuando se te da por ver esos programas?
Max me sonrió y despeiné un poco su cabello.
No estaba prestando atención a lo que estaban pasando, simplemente intentaba mantener distraído a mi pequeño hermano de siete años de todo lo que estábamos viviendo.
Se recostó con la cabeza sobre mi falda y comenzó a tararear la melodía de la presentación del programa en busca de nuevos talentos británicos.
La puerta se abrió nuevamente y los gritos cesaron, uno de los dos se había ido.
–¿Vanessa? -llamó mi madre desde la cocina-
Me levanté con cuidado y dejé a Max viendo la TV.
–¿Qué pasa?
–Si yo te doy la dirección de tu tía Lucy y algo de dinero… ¿irías?
–¿Lucy? ¿La que vive a unos… veinte minutos?
–Mi hermana Lucy.
–¿A dónde quieres llegar? ¡Sácalo de una vez mujer!
–¡Quiero que te vayas! -me gritó-
Y me cayó como un balde de agua fría.
–¿Y Max? -pregunté dura-
–Es mi hijo, puedo cuidarlo.
–Si yo me voy Max se va conmigo.
–¡Insolente! ¿Cómo te atreves a decirme algo así?
–¡Me atrevo! Max no va a sufrir lo que yo a su edad, déjalo crecer feliz y como cualquier otro.
Mi madre miró a un costado y suspiró, por primera vez en mis diecisiete años a su lado vi el dolor en sus ojos, del dolor pasó a ser comprensión. Una comprensión a que Max iba a estar mejor conmigo y con la tía Lucy que con ella y papá.
–Prepara sus cosas, cuando tengan todo listo… avísame.
–Claro.
Caminé hacia donde antes me encontraba, Max estaba sentado mirando el programa muy concentrado.
–Estos chicos me caen bien. -dijo sonriendo a la nada-
Le sonreí y miré la pantalla; cinco chicos sonreían a la cámara esperando una devolución positiva de la actuación que acababan de hacer. Dos eran castaños claro, uno rubio, uno de rulos castaños y… maldición ¿ese no era el “fumas demasiado”?
¿Cómo era su nombre?
–¿Vanessa? -me preguntó Max mientras pasaba su mano por mi rostro-
–¡Que idiota! ¡Zayn!
–¿Zayn? ¿Zayn? -dijo señalando la pantalla-
–Sí, Zayn.
Max comenzó a reír de mi expresión.
–Debo haber quedado como una estúpida. -dije a la nada-
–¿De qué estamos hablando? -preguntó interesado-
Lo miré a punto de responder y luego recordé que él tenía siete años y muchas veces se comportaba como si tuviese once o doce.
Recordé que mamá me había dicho que debíamos irnos, y recordé la cara de mi hermano las tantas veces que me había preguntado si algún día nos iríamos de allí.
–Nos vamos a ir Maxxie.
–¿A ir? ¿A dónde?
–¿Te acuerdas de la tía Lucy? -asintió- bueno… vamos a vivir con ella.
–¿Hasta cuándo?
–Tiempo no definido. -le dije sonriente-
Max se levantó y me abrazó. Me trasmitió felicidad, estaba feliz de poder salir de allí.
–Los voy a extrañar -dijo mi madre mientras derramaba algunas lágrimas-
Nunca creí que iba a decir lo que dije.
–Yo también mamá. -la abracé lentamente y me giré para partir de allí con Max-
Subimos a la camioneta y manejé tranquilamente hasta la casa de mi tía Lucy, estaba oscureciendo y la calle estaba demasiado tranquila.
–¡Queridos! -chilló Lucy mientras nos abrazaba-
Mi tía nos adoraba, nos adoraba como si fuéramos sus propios hijos. Había veces que lo hubiera deseado.
Le sonreí mientras la abrazábamos y Max pegó un grito.
–¿Y ahora? -pregunté asustada-
Mi hermano estaba en la casa de al lado mirando anonadado a los cinco jóvenes que hacía horas habíamos visto en la televisión. Tenía que ser una maldita broma.
–¿Tía y ellos?
–Ah, son mis nuevos vecinos, son adorables -me sonrió pícara- y muy guapos.
Largué una carcajada seca al viento.
–no creía que te gustaran los jovencitos -le dije riendo-
Lucy rió más fuerte y fui hasta donde Max estaba, no los conocía y no los culpaba de nada… pero mi hermano tenía siete años y había cada loco en el mundo.
–¡Vanessa! ¡Mira mira! ¡Tengo sus autógrafos! -me dijo Max sonriendo abiertamente-
–Oh Maxxie, eso es maravilloso.
–¿Vanessa? -dijo riendo el de tez chocolate-
–Eh… sí… hola ¿Zayn?
¿Y yo desde cuando me ponía nerviosa? Locuras de mi edad, eso debía ser… claro.
–Bueno… Max vamos a dejar las cosas, un gusto chicos. -les dije sonriendo-
–¡Gracias! -chilló Max-
Los cinco le sonrieron cálidamente y nosotros partimos hacia nuestro nuevo hogar.
Era extraño tener a “famosos” de vecinos, según Lucy era algo normal… y eran cálidos y muchos otros calificativos que nos daban a entender que sus nuevos vecinos le caían de maravilla.
–Espero que sea agradable su estadía. -nos dijo sonriente- Siempre supe que algún día tendrían que venir… -me susurró-
Estábamos solas nosotras en la sala, tomando un té con unos muffins, ella adoraba cocinar. Maxxie se había ido a acostar y nosotras estábamos tratando de arreglar algunos temas de su nueva educación.
–Ya no era soportable estar en aquella casa tía… ya no era soportable.
–Lo siento tanto linda -me tomó la mano- ¿no quieres ir a descansar?
–Claro…creo que va a ser una de las pocas noches que voy a poder descansar.
–Me parece perfecto -me dijo sonriente-
–Pero… primero voy a salir un rato.
–¿Necesitas fumar?
–¿Cómo lo sabes? -pregunté sorprendida-
–Vanessa soy tu tía, te conozco.
Le sonreí y salí al patio delantero con mis cigarros en mano, me senté en el pasto y saqué uno.
La brisa corría agradablemente y el humo me invadía, escuché el ruido de unas ruedas rodando contra el pavimento y sonreí al ver a unos chicos andando en skate.
Cerré los ojos y me dejé caer mientras seguía fumando.
–¿Puede ser que siempre te encuentre fumando?
Abrí los ojos de golpe asustada y ví a un Zayn con un cigarro en la mano.
–¿Tenés fuego?
Asentí y le tiré el encendedor.
–Gracias
–De nada -volví a cerrar los ojos y respiré pesadamente-
–¿Cuántos años tienes?
–Diecisiete… -dejé las palabras flotar-
–Dieciocho.
Subí mis hombros en forma de… me importa un carajo.
–¿Quieres que te deje sola?
–No -dije en un susurro- ¿te molestaría abrazarme?
Abrí los ojos y vi que en su rostro había una expresión extraña.
¿Qué había dicho? Maldita sea me estaba volviendo loca, si eso era. Yo no le pedía afecto a la gente, no era como un perrito que necesita del afecto para sentirse mejor.
Yo no necesitaba amor.
Zayn no me respondió, pero a los pocos minutos tenía sus brazos al rededor de mí. Me sentí a gusto.
–Gracias -dije mientras me hundía en su pecho- normalmente no hago esto con la gente que recién conozco.
–¿Te recuerdo que ya no soy un extraño? -me sonrió y me trasmitió paz-
Sonreí al igual que él.
–Eso es verdad.
Me apretó más contra su cuerpo y sentí calor. Me refiero… yo tenía frío, estaba en el pasto relativamente húmedo y ahora sentía calor, calor de afecto.
–¿Quieres hablar sobre algo?
Sentí confianza por lo que accedí.
Le estaba contando la historia de mi vida a un completo… conocido. Sentía que lo conocía de toda la vida.
–Gracias por escucharme -le dije sonriendo sincera-
–¿Sabes? Me caes bien… ¿mañana vamos a tomar un helado?
Reí con ganas.
–¿Un helado? No somos niños.
–Eh… eso es verdad… ¿un café, una cerveza? -dijo confundido-
–Prefiero el helado.
Reímos a coro y miré la hora y como las luces de la casa se apagaban.
–Maldita sea… es tarde. Y quisiera descansar.
–Andá tranquila. -me besó el cabello y sonrió- que descanses Vanessa.
–Simplemente Nessa, o Ness.
Asintió y caminé hasta la casa, entré y cerré la puerta con llave.
Comencé a reír del chiste estúpido que Zayn había hecho, era demasiado incoherente.
–Eso no es posible.
–Oh vamos señorita, un día te van a romper el corazón. -dijo riendo-
–No si yo rompo el suyo primero -dije pensativa y largué a reír nuevamente-
Estábamos tomando un helado y no había nadie a nuestro alrededor, simplemente éramos nosotros dos en dos columpios.
Me estaba sintiendo feliz.
–¿Feliz? -me preguntó al mismo tiempo que mi mente lo hacía-
–Me haces feliz, y eso que es el segundo día.
–Lamento decirte que esto va a durar un tiempo.
Y yo lamento decirte que no voy a dejar que salgas de mi vida.
Eso fue un poco posesivo.
Él es adorable, ¿qué esperabas? ¡Las hormonas no se van a quedar atrás!
Ya podrías callarte, y cerrar la boca.
Ahora podría ser el momento justo en el que te besara ¿no es un poco lerdo?
–¡Bueno ya acá se terminó la conversación!
–Si así lo quieres…
–¿Qué?
–Oh… hablabas con vos misma. Lo entiendo. -me miró e hizo un gesto como que estaba loca-
–Idiota -dije riendo y lo golpeé-
Zayn trastabilló y terminó cayendo, conmigo encima ya que me tiró.
Comencé a reír desaforadamente, como si nunca nada me hubiera causado más gracia en mi vida. Sentí humo y vi que él estaba fumando. ¿En qué momento había encendido un cigarro?
El humo me entró en la boca y sonreí.
Me lo quedé mirando durante unos segundos y le besé la mejilla. Él simplemente sonrió y me entregó el cigarrillo.
–Gracias -dije sonriente-
¿Cuántas veces iba a decirle gracias? Me sentía una estúpida.
Le di una pitada al objeto que antes me había dado, tenía gusto a tabaco (claramente), pero estaba mezclado con un mentol.
Largué el humo por mi boca y me miró sonriente.
–Eres verdaderamente hermosa -me dijo luego de unos minutos-
Levanté las cejas en forma de duda.
–¿De qué demonios estás hablando? ¿Yo hermosa? Claro.
Mordió su labio inferior y creí desfallecer.
–Sí vos, hermosa.
Sonrió para luego besarme.
¿Qué podía describir? Mis hormonas gritaban de alegría y mi boca tenía gusto a tabaco, a mentol y a otra cosa que no descifré. Helado estúpida.
Bien y a helado, según mi cuerdo cerebro.
un momento, ¡estaba besando a Zayn! ¡Oh rayos!
Me quería separar pero claro, las hormonas son más fuertes que mi voluntad. Me sumergí en el beso el cual no creí que terminaría en algún momento.
–Eso tuvo gusto a helado -dijo riendo-
Reí gustosa y entrelazó nuestras manos.
–Gracias, de verdad.
–¿Y ahora por qué?
–¿Por hacerme un poco feliz? -por salvarme la vida- ¿tal vez?
Me sonrió mostrando una dentadura perfectamente blanca y me besó nuevamente.
–Ah, y algo más.
–Dime -me miró atento-
–Fumas demasiado -dije riendo para luego besarlo nuevamente-
FIN*

1 year ago
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# louis tomlinson
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# basado en canción de lily allen ♥
Who’d have known
Estábamos sentados en la sala, enfrentados. Hablando… cinco de la mañana y la conversación se volvía aburrida.
Él dijo que se iría a la cama pronto… por lo que me deslicé hasta su cuarto, me cambié y me metí entre las sábanas. Pensé en esperarlo allí… pero cuando oí sus pasos en la escalera me hice la dormida.
Yo esperaba que Louis entrara sigilosamente… pero solo puso un brazo alrededor de mis hombros… y eso… eso estaba bien.
La habitación comenzó a enfriarse por lo que me acerqué a su cuerpo… él comenzó a hablar del clima… y del frío que hacía.
–Mañana va a estar agradable… podríamos salir y… simplemente pasear al sol.
Todo era muy extraño… y no sabía a dónde llegaríamos. Hasta que me besó.
–¿eres mío? -pregunté sonriente y él asintió-
Porque era yo quien se había quedado sola esperándolo en su propia casa, tomando vino y mirando la tv.
Todavía recuerdo… ese día en el que me llamaste y… y no me sentí más sola.
¿Quién lo hubiera sabido?
El reloj comenzó a sonar dándonos a entender que había que levantarnos.
–Buen día -dijo mientras me sonreía y acomodaba mi cabello detrás de mi oreja-
Le sonreí y me levanté para poder cambiarme, desayunamos y salimos.
Caminamos por el parque, y debo decir que era demostrativo… más de lo que me podría imaginar.
Me había sorprendido.
–¿Louis? -dijo una rubia que se acercó- Aparentemente lo de ella va en serio. -dijo absolutamente asqueada-
–Estamos probando -dijo orgulloso- y ella tiene nombre, y es Stephanie.
Le sonreí anonadada y continuamos la caminata.
Durante el día hicimos demasiadas cosas torpes… hablamos sobre los errores.
Y sonreí cuando accidentalmente me dijiste:
–Esos no son errores cariño.
Entrelazó nuestras manos y regresamos a su casa. Hacía días que de mi casa iba a la suya, y eso estaba comenzando a asustarme. Y en mi mente se repetía… ¿Louis era realmente mío?
Me besó y me tiré en la cama, solo quería quedarme allí tirada todo el día.
–Eres linda cuando no quieres hacer nada. -dijo tumbándose a mi lado-
–¿quieres decir cuando estoy de vaga? -dije riendo y él me siguió-
Comenzamos a reír de estupideces, adoraba tenerlo a mi lado.
Me sentía perfectamente bien.
–¿Les dijiste a tus amigos?
–Les dije lo que ellos ya sabían… ya sabían que existía este “algo”
–¿les dijiste que lo tomaríamos despacio?
–¿Realmente quieres tomarlo despacio Steph?
–Digamos… que… quiero ver cómo va -dije mientras le acariciaba el rostro-
–Veamos cómo va.
Me besó y le sonreí para devolverle el beso, quería quedarme en la cama todo el día, y eso era lo que pretendíamos.
Ninguno se separó, simplemente nos quedamos tirados allí.
–¿Quién hubiera sabido que cuando me llamarías no me sentiría más sola?
Louis me sonrió.
–Yo lo hubiera sabido -dijo mientras me besaba profundamente-
¿Quién hubiera sabido que él sería mío? ¿Quién lo hubiera sabido?.
FIN

1 year ago
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Tears and Rain
Diciembre volvió tan frío como siempre, por lo que el café y los chocolates se volvían mis mejores amigos… diciembre se parecía mucho a mí, amaba las fiestas, era pálido pero conjugaba con el color café y chocolate. Tal cual era yo, pálida de ojos chocolate y cabello café. Por eso deberían ser mis mejores amigos… sin olvidar que era fría… tan fría como lo era Diciembre. En vez de llamarme Emma deberían haberme puesto Diciembre… sí, deberían haberlo hecho.
Éramos tan diferentes que todavía no lograba entender cómo podíamos estar enamorados, el era más bien como Agosto… siempre cálido, radiante. Rubio, pálido y de ojos azules.
Había llegado un día de lluvia y lágrimas… otras de mis mejores amigas. Había tocado mi puerta porque era de intercambio…. no entendía nada… hasta que me dijo.
–Tu hermano John fue a Irlanda… yo soy el intercambio.
Desde ese momento sentí ese algo, me chocó su calidez y su radiante sonrisa. Logró descongelarme… logró descongelar a la desalmada Emma.
–Claro -fue lo que respondí en ese momento- ¡mamá! Hay un chico irlandés en la puerta… por lo de John -dije sin apartarle la mirada-
–Mi nombre es Niall… Niall Horan -me estiró la mano en forma de saludo-
–So… soy Emma… Emma White. -acepté su mano gustosa y la calidez me invadió-
Mi madre llegó en ese momento y le sonrió como si lo conociera de toda la vida… de seguro quería que se sintiera como si estuviera en su propia casa.
Desde ese momento Niall me había flechado, trataba de mostrarle la cuidad… trataba de demostrarle que yo era adorable. Hasta… hasta el momento que mi hermano volvió y claro él tuvo que irse.
Hacía ya un año que había escuchado de él nuevamente… me llamó a penas se enteró de que vendría a Inglaterra nuevamente para presentarse en un concurso de talentos, él tenía una voz verdaderamente maravillosa.
Hasta que su madre pudiera conseguir un lugar para vivir ambos, se quedarían en mi casa… se había vuelto muy unido a mi familia.
Y en cuanto a mi… me había enamorado.
–¿Siempre lloras cuando llueve? -preguntó entrando lentamente a mi cuarto-
–No… no siempre -dije secando unas cuantas lágrimas- a menos que no sea necesario.
–No es necesario que llores… no es agradable ver llorar a las mujeres -me dijo mientras pasaba su mano por mi mejilla-
–Tengo que admitir -dije suspirando- que extrañaba tu calidez.
–Y yo tengo que admitir que extrañaba tu frialdad. -dijo mientras se encogía de hombros y hacía una cara totalmente adorable-
–Yo no soy fría.
–conmigo no lo eres… con los demás si.
–Eso… eso es verdad.
–Tranquila, lo supe desde el momento en el que te conocí. y sí, eres adorable Emma.
Sonreí un poco y algunas lágrimas que anteriormente no había logrado caer cayeron si dificultad alguna.
–Si que sabes hacer sentir bien a la gente eh -dije con la voz algo cortada-
–Será porque hago lo que me gusta que me hagan. -me empujó un poco- vamos sonríe.
Sonreí desganada.
–¿Cuál es tu problema cara larga? -dijo con un tono chistoso-
–El amor es mi gran problema.
–Como el de la mayoría de las personas… no somos muy buenos amigos con ese tal amor.
–¿Es un chiste? -pregunté seria- ¿vos? ¿Problemas con el Sr. Amor? ¡Nah!
–aunque no puedas creerlo, esta bomba sensual tiene serios problemas con ese amor… no todas las chicas se fijan en mi.
–¿Todas son idiotas?
–No todas se llaman Emma White.
Me quedé congelada y sentí como de a poco me iba derritiendo al sentir el calor de su mano encima de la mía.
Me giré lentamente y ya tenía su cara completamente pegada a la mía, acorté la distancia y probé los suaves labios que tanto había deseado.
Tengo que decir, que veía chispas volar.
Él era completamente perfecto.
Habíamos comenzado a estar en… algo desde ese momento, y todo era perfecto.
Ahora Niall formaba parte de una boy band, que había sido producto de “The X-Factor”… Niall formaba parte de One Direction.
Ya habían tenido todo un año de completa fama… iban por el segundo.
Yo… yo no formaba parte de nada, creo que solo formaba parte de mi grupo estudiantil… el cual ya no me importaba mucho.
Sentí el “pim” del microondas que daba por finalizado el calentamiento de mi café.
–Traje algo que te encanta -escuché su voz- traje chocolates.
–Yo preparé café -le dije encogiéndome de hombros-
El rubio se acercó y me besó dulcemente para luego ayudarme a llevar las cosas al sofá. Veríamos una película, este era nuestro aniversario. Cumplíamos un año y medio y él me había propuesto ver una película en su casa.
–Estas hermosa -me dijo tomando un sorbo de café-
–Tengo puesto una bata. Eso no es hermoso.
–En vos sí, es hermoso.
–Vos también estas hermoso.
–Eso es mentira pero por ser simplemente vos, lo voy a aceptar.
Le golpeé suavemente el hombro para que supiera que estaba en desacuerdo con eso que acababa de decir.
–Niall -me miró atento- eres hermoso.
Me sonrió de lado y recordé porque lo amaba, lo amaba por todo lo que era.
Lo amaba por haber aparecido una noche de lluvia y lágrimas, lo amaba por haber tomado mi mano en los momentos difíciles, lo amaba por estar a mi lado incondicionalmente.
Lo amaba por ser completamente él, él era todo eso que siempre había soñado. Era esa persona que me levantaba cuando me caía, era esa persona que lograba hacerme sonreír cada día.
Nadie es perfecto, pero Niall… Niall se asemejaba a la perfección.
–Me pones un poco nervioso cuando te pones a pensar y te quedas mirándome… es extraño que hagas eso.
Reí.
–Lo hago porque te amo.
Me abracé a su cuerpo y olvidé totalmente que hacía frío.
Porque claro, Diciembre había vuelto pero yo tenía a mi agosto personal para poder combatirlo.
FIN

1 year ago
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Tonight
Sentí que su aroma me invadía, supe que era temprano ya que los rayos del sol apenas calentaban mi rostro. Liam entrelazó nuestras manos debajo de las sábanas.
Era sábado al parecer era temprano.
–¿Tienes ensayo? -pregunté algo adormilada-
–Lamento que sí -me dijo apenado y luego besó mi frente-
–Volveré más temprano. Lo prometo.
–¿Qué? ¿Ya? ¿Ya te vas? -abrí los ojos y me encontré con sus ojos café mirándome preocupado-
–Voy a volver más temprano Nat, lo prometo.
–Como digas Liam -dije suspirando y levantándome de la cama-
Era complicado, todos los sábados tenía que irse, los domingos nos juntábamos con los chicos… y durante la semana bueno… entre mi trabajo y el suyo era complicado vernos.
Liam era completamente adictivo, a pesar de tenerlo solo los fines de semana.
Me cambié a la par de él admirándolo, lo amaba. No tenía duda de eso, dos años a su lado y no me cansaba de él.
Simplemente nunca era suficiente.
Teníamos nuestras peleas, claro… como todos. Pero no era muy complicado, no soportábamos mucho el hecho de no poder hablarnos.
–¿Nat me estas escuchando? -me preguntó sonriente mientras se ponía una camisa cuadrillé-
–¿Qué? -rió- Lo siento…. no te escuché. ¿Qué me decías? -dije mientras me acercaba y acomodaba el cuello de la camisa-
–Te decía, que si esta noche querías ir a cenar.
–Claro que quiero ir a cenar…. ¿mañana vamos a hacer algo?
–¿Te refieres a con los chicos? -asentí- no… no lo creo. Quiero un domingo para vos. Digo, para mí. -dijo sonriente-
Levanté una ceja y reí lentamente, para luego acercarme y besarlo.
–¿Tengo que ir al ensayo? -dijo pesadamente mientras tomaba mi cintura-
–Lamento decirte que sí… pero volverás más temprano.
–Eso es verdad. A las seis vuelvo… a las ocho salimos.
–Bien… ahora andá que vas a llegar tarde y los chicos van a matarme.
–¿No me tendrían que matar a mi?
–¿Quién sería la responsable? -asintió sonriendo-
–Te amo -me dijo mientras me besaba cortamente-
–Yo también lo hago Liam.
Me tiró un beso el cual agarré ágilmente y salió por la puerta.
Lo amaba.
Me tiré en la cama pesadamente y sonreí al techo, adoraba a Liam.
Me quedé allí tirada durante creo que una hora y monedas… para luego levantarme y desayunar algo sola con Ferbus, mi gato.
–¿Quién es el gato más lindo de todos? -Ferbus maulló- ¡Claro que sí! ¡Ferbus es el más lindo de todos!
El gato se arrimó a mi pierna y se acarició en la misma, decidí que era momento de levantarme y ordenar un poco la casa… era un verdadero desastre.
Ropa tirada por todos lados, vasos en varios lugares.
Entre la limpieza, las compras y mi visita diaria al café se hicieron las seis treinta de la tarde.
–¿Nat? ¿Dónde estás?
–¿Liam? -pregunté sonriendo al teléfono- estoy llegando a casa.
–Okay… te espero.
Destrabé la puerta del edificio y subí las escaleras, vivíamos en el primer piso, no tenía sentido alguno el usar el ascensor.
Llegué a mi destino y puse la llave para poder abrir la puerta, abrí y dentro las luces estaban apagadas.
–¿Liam? sabes que odio las sorpresas… y si no apareces tengo cucharas. -sentí su risa cerca- ¿Liam? -encendí la luz y no lo vi- ¿Ferbus donde está Liam?
El gato me ignoró por completo y maulló directo a su plato, en forma de pedido de comida.
–¿A caso me extorsionas? eso no es normal. -dije sonriendo y achinando los ojos en forma de sospecha- ¿Liam? ¿Dónde demonios estas?
–¿donde más podrías estar? -dijo detrás de mí por lo que di un pequeño salto y un grito ahogado-
–¡Idiota! Sabes que odio las sorpresas.
Me sonrió y besó mi cuello.
Reí a causa de las cosquillas que eso provocó y solté mi cartera para girar y besarlo.
–te queda una hora para prepararte. -me besó nuevamente-
–¿A dónde vamos?
–A cenar… ya te lo había dicho.
–Me refiero… nada no me refiero a nada.
Entré corriendo a la ducha y me duché lo más rápido que pude, salí en toalla y vi a Liam jugando en el suelo con Ferbus, divisé mi cámara cerca y no dude en sacarles una foto….
Mi trabajo, ese era mi trabajo.
Fui hasta el cuarto y abrí el armario en busca de un vestido, afuera el clima estaba lo suficientemente agradable como para poder usar uno.
Encontré uno que era perfecto, simple y perfecto. Negro, corto hasta un poco antes de la rodilla, un gran cierre que iba desde el principio del vestido hasta el fin. Busqué mis tacos favoritos y una pequeña cartera. Me delineé un poco los ojos, coloqué sombra en estos y maquillé mis labios de un color rosado que hacía años que no usaba.
Até mi cabello en una coleta simple y coloqué una hebilla en el costado, me puse los pendientes y un collar.
Liam entró a la habitación en busca de algo para ponerse.
–¿No podríamos quedarnos en casa? -me dijo mientras me inspeccionaba de arriba abajo-
–No, me dijiste que saldríamos a cenar. Eso vamos a hacer.
–Estas hermosa -me dijo mientras se ponía unos pantalones de vestir- realmente hermosa.
–Vos también amor, con la pequeña diferencia de que vos sos hermoso.
Rió fuertemente y me besó.
Terminamos de acomodar las cosas y salimos directo… a alguna parte.
La cena fue lo suficientemente tranquila, el lugar era agradable y terminamos caminando por la playa, como normalmente hacíamos.
La luna en el mar… es algo indescriptible. Liam me tenía tomada de una mano, con la otra sostenía nuestros zapatos.
–¿Nat? -me giré sonriente y concentrada- te amo -me dijo mientras sonreía de costado-
–Te amo -le correspondí sonriendo, sentí brillo en mis ojos y vi el brillo en los suyos-
Sabíamos lo que eso significaba.
Me tomó por la cintura y comenzó a besarme, no sé como logramos llegar al auto, en donde optó por apoyarme contra la puerta para poder profundizar el beso.
Se separó un poco para poder respirar y relamí mis labios, intenté tranquilizar mi respiración y entrelacé nuestras manos.
–¿Vamos a casa? -le dije en un suspiro-
–Estaba por decirte lo mismo -me dijo completamente agitado-
Sonreí y me volví para poder meterme en el auto, cuando él entro volví a ver ese brillo en sus ojos. Antes de que arrancara lo tomé por el cuello y lo besé lentamente.
–Ahora sí, vamos.
Me sonrió y aceleró.
Ambos sabíamos lo que ese brillo significaba, ambos sabíamos donde terminaría esta noche.
Porque definitivamente, esta era la noche.
FIN

Don’t fall in love
Le cerré la puerta en la cara esperando que se fuera. No quería verlo.
–Rose abre la puerta.
–¡Que te vayas Styles! -largué a punto de llorar-
Me dejé caer contra la puerta, esperando a que los golpes cesaran. Y darme cuenta de que se había ido a su departamento.
¿Quién rayos me había mandado a vivir en el mismo edificio que ellos? ¿Quién me había mandado a ser amiga de ellos? ¿Quién carajo me había hecho conocer a los chicos de One Direction?
Mierda y un poco más de mierda.
–¿Rose?
–Realmente quiero que te vayas Harry. Quiero estar sola.
–¿No podemos hablar al menos?
–Quiero que te vayas ¿tanto te cuesta entenderlo?
Sentí los pasos de Harry alejarse de la puerta, y también escuché como hablaba con alguien… Niall.
Maldita sea, Niall vivía conmigo. Esto no era bueno.
–¿Rose? -preguntó el rubio del otro lado de la puerta-
No pensaba responderle, claro que no. De seguro Harry estaba con él y… no, nunca respondería.
Me levanté del frío suelo y me encaminé al baño, cerré la puerta y me desnudé para poder darme una relajante ducha.
¿A quién engaño? De relajante no tuvo nada, normalmente el agua caliente aclaraba mi mente… pero hoy solo lo empeoraba.
–¿No puedo simplemente ahogarme? -dije en un susurro al cerrar la llave de agua-
Me envolví en la toalla y salí directo a mi cuarto, Niall estaba en la cocina, podía escucharlo. Me cambié y me senté en la cama y miré a un punto muerto.
¡No era justo! Simplemente no era justo.
Todos me lo habían dicho, pero claro… yo siempre tenía que caer.
Parecía un estúpido juego… ¡Hagamos caer a Rose que le encanta! Claro, así debería llamarse.
–¿Rose? ¿Estas bien corazón? -preguntó dulcemente Niall abriendo un poco la puerta de mi cuarto-
Negué y me largué a llorar. Subí mis piernas y las abracé.
Niall estuvo rápidamente a mi lado.
–¿Qué pasa? -me dijo mientras acariciaba mi cabello y trataba de calmarme- tranquila, ya, tranquila. -repetía una y otra vez- Respira Rose, por favor respira. -dijo con un dejo de risa-
Levanté mi rostro completamente rojo y mojado y hice una mueca de dolor.
–Ustedes me dijeron que no lo hiciera… y lo hice.
–Tranquila Rose, tratá de acomodar las ideas y me explicas. -suspiré- así es, muy bien. Ahora… ¿Qué fue lo que hiciste?
–¡Me enamoré! Eso fue lo que hice. Maldición me enamoré del estúpido de Harry, él me hizo caer y yo como la gran torpe que soy caí. Me enamoré, para que él simplemente me rompa el corazón. ¡Me dijeron que no tenía que enamorarme!
–¿Te enamoraste de mí? -sentí la voz del aludido en las afueras de mi habitación-
–¡¿Y que demonios haces aquí?! ¿Cómo entraste? ¡Niall! -le chillé al que estaba a mi lado-
–Necesitan hablar Rose, lo necesitan.
–¡Claro que no lo necesitamos! Yo no quiero hablar con él. -me giré y me tiré en la cama tapandomé con las frazadas-
Niall se levantó y cerró la puerta, supe que Harry no se había ido.
–¿Rose? -preguntó dulcemente-
Maldita sea, lo odiaba.
Mentira, lo amás.
–¿Qué quieres Harry? -mi voz se vió opacada por la cantidad de ropa que tenía encima-
–¿Hablamos?
–Ya lo haces -respondí cortante-
Se sentó, lo sentí.
–Vamos Rose, no quiero estar peleado contigo.
–¿Quién dijo que estabamos peleados? Yo nunca lo dije…
–Rose, te conozco desde que tienes cinco años. Sé que estas enojada.
–¿Y? -me destapé- ¿Y acaso te importa que esté enojada?
–Eres mi mejor amiga -dijo mirando al suelo- ese es el problema.
–¿El problema? ¿Ahora soy un problema? Realmente lo estas arruinando Styles.
–No… no quise decir eso. No eres un problema, nunca lo serías. -me sonrió-
No caigas, no caigas. Esa sonrisa no te compra.
claro que lo hace.
Sí, pero tengo que ser fuerte.
Volví a taparme y esconderme dentro de mi cama.
–Te comportas como una niña.
–¿Algún problema con eso?
–¿Podemos retomar la conversación anterior?
Suspiré.
–El problema es que eres mi mejor amiga.
–¿Y? Sigo sin entender… soy un problema ¿no es así?
–Estas enamorada Rose, y eres mi mejor amiga.
–¡Soy un problema porque me enamoré! ¡Oh disculpame por haberme enamorado de mi mejor amigo que no se dió cuenta de eso desde hace tantos años!
–¡Eres un maldito problema porque me enamoraste!
Me destapé de golpe y lo miré atónita.
–Conozco cada milímetro de lo que eres, y eso es lo que me enamora Rose. No es que tengas ojos claros, no es que seas flaca… es tu… tu forma de ser. ¡Tu maldita forma de ser!
–Eh…. ah… -titubeé algunas sílabas más sin formar una palabra concreta-
¿Qué tenía que decirle? ¿Que también lo amaba? ¿Que nos casaramos y tuviéramos hijos? Claro que no… mi orgullo no me lo permitía.
–También sé que estas teniendo una discución interna por decirme si me amás o no.
–Claro que no.
Me sonrió y desvié mi mirada, no quería verlo sonreir.
Por más que la sonrisa fuera completamente gracias a mí.
–Me dijeron que no me enamorara y no les hice caso.
–Me dijeron lo mismo.
–Claro que no.
–claro que sí.
Revoleé los ojos en forma de desacuerdo y cansancio.
–¿Entiendes todo?
–La verdad no… es algo confuso el hecho de que me digas que soy un problema… pero que lo soy ya que no solo estoy enamorada de vos y que soy tu mejor amiga, sino que soy un problema porque logré enamorarte. Es confuso.
Rió ante lo que dije, y besó.
¡Maldición me estaba besando!
–Te amo Rose, ¿ahora lo podrías comprender más fácilmente?
–Creo… creo que sí… -sonreí y lo volví a besar-
Me dijeron que no me enamorara… me dijeron que iba a salir lastimada pero… ¿qué importa? Es mi vida y yo decido si enamorarme o no.
El que no arriesga no gana, esa frase la escuché tantas veces. Era hora de ponerla en práctica.
Me dijeron que no me enamorara, y eso fue lo que hice.
FIN

